martes, 5 de mayo de 2015

Paris, L'eté

http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2013/08/130809_galeria_lectores_vida_urbana#8

Guía de Viaje IV: Zurich


Zurich, Suiza, Octubre de 2005.

Para empezar, en mi arbitraria percepción del mundo lo primero que se me ocurrrió es que Zurich no es Suiza.  Zurich no tiene nada que ver con Suiza.  Zurich es Londres. Mucho más elegante, más pequeña y más limpia, pero mantiene la esencia.

La vida nocturna es increíble si se le compara con el resto del país. En la tarde ya había cantidades de personas en las calles pero de noche toda la gente joven que no había visto en otras ciudades salió a la calle y lo invadió todo;  Orientales, gente de raza negra, europeos del sur del continente, latinos, grupitos de adolescentes buscando problemas en la noche, todos recorriendo la ciudad de manera desordenada, de un punto a otro, llevando en sus mentes mil planes diversos para acabar el día y mil rutas diferentes para tomar, para invadir un poco la ciudad; todo eso le da cierto toque cosmopolita al ambiente pese a que la población local posee casi por completo el comportamiento de los alemanes.  Quizá eso explica también el hecho de que Zurich me hubiese parecido una ciudad distante, extremadamente fría.


Pero no solo fue una prometedora noche de Sábado la que definió a la ciudad en mi cabeza; Zurich también fue el cielo oscuro y la neblina intensa del domingo en la mañana en que me fui, las calles desiertas y el frío clima, no molesto, pero si incomodo porque lo sentí como una barrera de la ciudad hacia mí.  Quizá todo sea producto de mi curiosa percepción de lo alemán, la cual se hizo latente cuando llegué a Gstaad. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Comer, Rezar, Amar…



“He participado activamente en la creación de cada momento de ésta vida” 

La vida es frágil; cualquier ejercicio de voluntad puede destruirla. Su vulnerabilidad sobrepasa el acto físico de vivir: Cualquier plan, cualquier deseo, construido como si así fuese decidido para siempre, está cimentado en premisas imperceptibles y volubles cuya explicación escapa al entendimiento del hombre; La vida se desarrolla impulsada por fuerzas inestables por naturaleza, impermanentes como todo el Universo. No puede haber calma en el Statu Quo. La disonancia entre el orden estable y metódico que un hombre aspire a darle a su vida y aquél aparente caos que rige y es la esencia de todo lo que existe constituye la base del conflicto de la psique humana.



“Comer, Rezar, Amar” (2010) es una película basada en el libro del mismo nombre (2006) que recrea de manera novelada las memorias de una persona al adquirir conciencia de ese conflicto. La historia describe la reacción de una mujer, Casada y de 35 años, cuando llega a un punto de quiebre sin aparente causa, frente a todas las circunstancias que conforman su agraciada existencia. La trama está llena de palabras casuales y frases sueltas que aparecen a lo largo de la película como una extensa oración. El momento, sin embargo, de mayor vértigo se puede sentir al inicio de la historia cuando en la mente del personaje se van alineando todos los elementos de un plan sin estrategias ni expectativas que se asemeja más a un escape desordenado de algo.



“Tomé Una Decisión” 

 La libertad da vértigo; Jean Paul Sartre profundizó en esa idea en múltiples ensayos y en particular en aquél llamado “El Existencialismo es un Humanismo”; la conclusión de su razonamiento se dio cuando sentenció que el Hombre está condenado a ser libre. Y ese es al mismo tiempo el problema y la solución al conflicto inicialmente planteado dentro de la mente humana: la voluntad como liberadora del hombre; es curioso que en esa idea coincidan pensamientos tan diferentes como el Marxismo (Voluntad y autoconciencia), Nietszche y el Budismo. 

Desde el principio de la película la voluntad se revela como único medio para romper un ciclo, un hábito, si se quiere. A lo largo de la historia de la filosofía y del arte ésta verdad se presenta de manera tan abrumadora que es precisamente la facilidad con la que puede ejercerse, lo que aterra. “Estoy solo – escribiría Sartre en La Náusea – solo y libre; pero esta libertad se parece un poco a la muerte”. Después de un instante determinado, tomada la decisión, no hay vuelta atrás. 

“Saben de entretenimiento, pero no saben de placer” 

La técnica de meditación Vipassana tiene como objetivo aprender a observar; a diferencia de lo que muchas personas practican, no busca un estado de relajación ni pensar en los problemas propios bajo el aura del silencio; simplemente observar lo que pasa, sin juicios ni análisis. Ver. 

Lo curioso es que cuando la mente finalmente renuncia su estado de permanente agitación, el mundo se aparece como algo inexplorado y nuevo; un mundo hecho de detalles que jamás han sido observados y que constituyen la esencia del placer de existir: La atención consciente es un atributo poco practicado de la mente. 

En algún punto de la historia se dice que los Italianos disfrutan del placer de no hacer nada, asocio esta idea con lo planteado por la meditación Vipassana; no hacer nada significa en últimas, sentir, dejarse llevar, un trabajo difícil porque plantea precisamente un desafío a la mente y obligarla a callar para deleitarse con sensaciones externas sin emitir análisis u opiniones. Implica el mayor esfuerzo de todos: hacer nada. 

En busca de una palabra” 



Ya había yo jugado en el pasado a definir ciudades usando una sola palabra; Paris is Sexy, Rome is Hot; Londres sofisticada, New York Universal, Dubai una fantasía…por supuesto, la percepción depende de la experiencia en cada sitio, pero ante tantas variables y condicionantes para catalogar lugares, me quedo con lo único determinable para mí, es decir, lo que he experimentado. 

Lo curioso de la historia es que atribuyan esta posibilidad de catalogar con palabras también a las personas. Considero difícil definir a un ser humano, aún con una frase o un ensayo, lo complejo de su psique escapa cualquier descripción, y mucho más el ser encerrado en una palabra. 

No siento que yo sea el mismo cada día, y partiendo de mi experiencia creo que ocurre lo mismo a los demás; pero eso está bien. “No dude jamás en contradecirse. – escribió Michel Houellebecq - Bifurque, cambie de dirección tantas veces como sea necesario. No se esfuerce demasiado en tener una personalidad coherente: esa personalidad existe, le guste o no” 

Usar una palabra para abarcar a una persona es caer en una sensibilidad ingenua, primitiva. Además, hay que tener cuidado con las palabras. A veces sirven para mentir, para engañar, y en ese sentido, para definir a alguien en términos de lo que quiere o debería ser, no de lo que es. 

“La ruina es un regalo; la ruina es un camino a la transformación” 

Después del vértigo y las lágrimas, el final, feliz, sigue las reglas de las historias que todos quieren ver y leer. El personaje comió, meditó y justo al final de la historia, amó. 

Me queda la curiosidad de saber cómo evoluciona su vida después del fin que fue presentado; alguna vez volvió a discutir con su nuevo amor?, escapó otra vez o se resignó? Perdió la inspiración en algún momento en medio de los hábitos cotidianos?. Tengo razones para sentirme inquieto; después de todo, Orson Welles fue claro cuando dijo que un final feliz solo depende del punto en que se deje de narrar la historia.

jueves, 22 de mayo de 2014

Guía de Viaje III: Gstaad


Llego a Gstaad, empieza la Suiza alemana y puedo notarlo por el cambio de acento y de lenguaje en las personas que veo.  El sitio es conocido por ser el centro de Ski favorito de millonarios y estrellas de cine.  Ni unos ni otros están aquí hoy, tampoco parece haber mucha nieve en los alrededores.

Gstaad es un punto, ya que no puede decirse que sea siquiera un pueblo, de unas 10 cuadras en medio de las cuales una avenida, ocupada solo por tiendas de Cartier, Hermes, etc, constituye la principal atracción para quienes no vamos a subir a esquiar.

Existen además de las tiendas cuatro hoteles de 5 estrellas, de los cuales el Palace, enclavado en una colina mirando imponente hacia el resto de Gstaad, parece retar diciendo “Si no tiene como pagar ni siquiera intente subir acá”.

Ni siquiera intentaré subir de todos modos.  Muy lindo todo, muy limpio y ordenado, muy cara la comida como para no desentonar con el resto de Suiza, pero ya quiero estar en Berna y luego en Zurich, así que voy a la estación para ver en donde debo cambiar de tren.

Las ciudades que siguen después de Gstaad son una conjunción de las letras Z, X y K que me resultan impronunciables, nombres alemanes por supuesto.  Desisto de pronunciarlos y solo me acerco con mi mapa al punto de información y señalo Berna.  El encargado me señala entonces las dos ciudades en las que debo cambiar de tren y yo me voy tranquilo y con sueño.

4 hoteles de lujo, tiendas de Cartier… ¿qué hace un pueblo de tres calles para sostener todo eso?


martes, 1 de octubre de 2013

Guía de Viaje II: Ginebra

Suiza,  Octubre de 2005
Ginebra

Durante días había tratado inútilmente de encontrar una palabra, un adjetivo, una sensación que describiera a Ginebra. Me sentía impotente y algo molesto conmigo porque ni siquiera en la intimidad de mis pensamientos podía hallar una expresión clara que resumiera la impresión que esa Ciudad me producía.

Si alguien me hubiese llegado a hacer la simple y básica pregunta que sucede a todos los viajes, si me hubiesen preguntado “¿cómo es Ginebra?” mi respuesta se habría perdido en alguna oscura frontera entre lo intransmisible y lo indescifrable, y yo no habría podido abrir la boca, abrumado por la misma duda; ¿cómo es Ginebra?.

Ginebra es una ciudad antigua en la que la generalidad del entorno y el mismo aspecto de sus calles, le da la apariencia de pertenecer a los años cincuenta o quizá a los treinta, a cualquier época en todo caso, excepto al presente; flota en el ambiente, quizá por ello, una agradable sensación de tranquilidad, de tiempo que pasa lentamente, y también de ciudad impersonal.

Tiene, desde luego, sus lugares representativos.  La avenida de las Naciones por ejemplo, flanqueada a uno y otro lado por sedes de Instituciones mundiales, representa muy bien el espíritu diplomático que identifica a la Ciudad; porque sin duda Ginebra es un lugar enteramente internacional que parece pertenecer, no a Suiza, sino a las Organizaciones Internacionales y en particular a las Naciones Unidas.  Un territorio neutral dentro de un país neutral.  

El centro histórico de la Ciudad, en el que cada piedra en el piso parece tener grabada un pedazo de historia, crea curiosidad acerca de esa historia medieval en la que el caos reinaba y había tantos hechos sacudiendo sin cesar y al mismo tiempo a ese tranquilo rincón del mundo.  También están esos sitios simbólicos, sin ningún atractivo particular aparte del de crear la imagen de una ciudad, como el parque de los reformadores, la fuente de agua permanente en el lago de Ginebra, y otros rincones más en los que no hice sino preguntarme, ¿en dónde está la gente?.  Porque recorrí una y otra vez las mismas calles en diferentes horas del día sin que el hecho de caminar por la ciudad más internacional de Suiza, me sorprendiera más que el hecho de no ver personas en las calles.

Al final, me marché de la ciudad sin tener claro qué pensaba de ella;  pero mi confusión acabó en Montreaux durante una conversación casual con otro turista que también había estado en Ginebra algunos días antes. De alguna manera creí que aquélla coincidencia podía ayudarme y antes de que la conversación evolucionara hacia otro tema, antes de que quizá me hiciera la difícil pregunta a la que no sabía responder, me anticipé y le dije “Ginebra es una ciudad particular, no encuentro una sola razón para que no me guste, sin embargo …” y antes de que terminara aquélla frase, que yo sabía difícil de terminar, me interrumpió y dijo “si, es cierto, es una ciudad sin Charm”;  y ahí está: sin charm. Me desespera no ser capaz de expresar por mi mismo mis percepciones y tener que recurrir a otro que lo haga mejor, pero es esa sensación, la etérea idea de la falta encanto la que describe, en mi opinión, a Ginebra.

martes, 4 de septiembre de 2012

Grey Gardens: "They can get you for almost anything"




"¿When are you gonna learn, Edie ? You're in this world, ¿you know? You're not out of the world."

La historia es como un poema largo y melancólico; se ancla al pasado y oscila permanentemente entre la decadencia y la fantasia.  Algo cercano a la belleza se desprende de ella: me resulta tan exquisita, que no debería haber ocurrido en la vida real; debería haber sido un sueño en la mente de alguien, o una novela sin terminar.

La historia de Edith Bouvier y su octogenaria Madre, prima y tía de Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis, refugiadas durante más de dos décadas en las ruinas de la mansión familiar de Grey Gardens en East Hampton, rodeadas por 75 gatos y por toneladas de basura, salió a la luz por una circunstancia   más bien vulgar que involucraba a la oficina de Sanidad:  “Prima de Jackie Onassis: escándalo sanitario”, fue el titular más repetido en el otoño de 1971; en ese entonces, la prensa no ahorró palabras para describir las condiciones de higiene en las que vivían las familiares de la ex Primera Dama, y pese a que la relación de las dos mujeres con su famosa pariente había sido nula durante años, fue Jacqueline Kennedy quien pagó por la limpieza de la propiedad para callar a los periódicos.

En 1975 el documental Grey Gardens capturó el universo distante e irreal en el que se encerraban las dos mujeres; los diálogos, espontáneos, delirantes, conducen casi invariablemente, como todo lo que se inspira en la locura, a verdades inmaculadas y puras.

"- Edie: I'm gonna get out of here. - Mother:  Why do you want to get out ? Another place'd be much worse. - Edie: 'Cause I don't like it...Here. - Mother:  Any place will be much worse...Any place on earth. - Edie: Yeah, but I like freedom. - Mother: Well, you can't get it, darling.  You're being supported...You can't get any freedom, when you're being supported.- Edie: Yeah; but...You can't ? - Mother: No; you can't."

La conversación de las dos damas continuaba siendo, contra todo pronóstico, serena y elegante, y se desarrollaba en medio del caos alrededor; Ellen Hovdes, una de las realizadoras del documental, las describió como "Una extraña combinación de locura y aristocracia"; y de hecho, escucharlas es como recordar un cuento de Borges en el que el veredicto de un juicio es encargado al arbitrio de un loco: "de un loco -escribió el argentino- para que la sabiduría de Dios hablara por su boca y avergonzara las soberbias humanas".

Grey Gardens en su mejor época

Las vidas de Edith, conocida como Edie, y su madre, big Edie, habían transcurrido siempre entre la comodidad de Park Avenue y la casa de verano en los Hamptons; los jardines de la mansión de Grey Gardens, una construcción gótica de 28 habitaciones llamada así en honor a ellos, eran objeto de admiración de la sociedad neoyorkina, así como lo era, hacia los años treinta, la belleza de Edie; socialité, modelo de revistas a los 17 años, perseguida por los solteros más perseguidos (es decir, los más ricos) de aquéllas décadas, Edie solo lamentó hasta el final de sus días el no haberse casado con Joseph Kennedy, el hijo mayor de la famosa familia, con quién dijo haber estado comprometida en matrimonio hasta el día en que murió, combatiendo durante la segunda guerra mundial.

Little Edie, hacia los años 30

Big Edie, por su parte, pasaba sus días reviviendo los truncados sueños juveniles de ser cantante, convirtiéndolos poco a poco en su realidad: buscaba clubes nocturnos en donde la dejaran cantar, y al matrimonio de su hijo mayor, asistió vestida de cantante de ópera.  No parece probable sin embargo que la sociedad neoyorkina la hubiese censurado en su momento; las extravagancias le estaban permitidas porque se justificaban con dinero, y el dinero protegía a madre hija de escándalos, de ataques directos, de todos los males de este mundo. La suerte acompañaba a las Bouvier en aquélla época, y entonces, como en las tragedias que escribían los griegos, ante la belleza de las fortunas familiares, de las páginas de revista y de la vida en el upper east side, el sino perverso del destino apareció y, antes de que pudieran suspirar, les demostró lo fragil de las convenciones sobre las cuales está construido el mundo.

En cuestión de meses la madre de Edie fue abandonada por su acaudalado esposo, que cumplió con el sagrado ritual de buscar a alguien mas joven, y fue desheredada por su acaudalado padre, irritado ya por su comportamiento errático y exótico en una época en que la locura, más que enfermedad, era una excentricidad dificil de tolerar.


 Mother: You know, they can get you, in East Hampton for wearing red shoes on a Thursday... and all that sort of things.-  Edie: I don't know whether you know that. I mean, ¿ do you know that ?-  Mother: ... They can get you for almost anything."
Big Edie se fue a vivir a Grey Gardens, y permaneció allí varios años hasta que logró convencer a su hija, ya de 36 años, para que la fuera a acompañar.  Edie la visitó, se horrorizó por el estado de descuido y suciedad de la mansión y se prometió a si misma recuperarle el esplendor perdido; pasaron los meses, y luego los años, y, como en la novela de la que hablaba al principio, sin darse cuenta, Edie pasó a ser uno de los personajes de la historia, con su madre, y los 75 gatos.

"Well, you know where you got...being like that.  No husband; no babies; nothing."

Fue entonces cuando ocurrió el incidente con la oficina de sanidad; y fue entonces cuando un equipo de documentalistas, hechizados por la historia surreal de las Bouvier, se apareció en Grey Gardens dispuestos a registrar su vida diaria.  Es difícil determinar hasta que punto las dos mujeres se habían divorciado de la realidad, lo cierto es que esa ruptura produce cierta admiración: vivían como si su vida fuese un sueño en el que ambas se refugiaban obstinadamente para negar la realidad hasta reducirla a nada. Veo a Edie, y pienso "está loca", como Blanche Dubois, "está loca", viviendo su sueño, soñando su vida, como Borges (de nuevo Borges) que se obsesionó con una moneda, con el Zahir: “Otros soñarán que yo estoy loco, -escribió- yo soñaré con el Zahir; cuando todos los hombres de la tierra piensen dia y noche en el Zahir ¿cuál será el sueño y cuál la realidad’?

It s very difficult to keep the line between the past and the present…¿do you know what I mean?  ... Awfully difficult..” 

Grey Gardens en VOGUE
De cualquier forma, el estilo delirante e irreal de Grey Gardens quedó registrado en aquél excelente documental que constituye por si mismo una pequeña joya e inspiró múltiples tendencias; el recuerdo de las dos excéntricas mujeres ha incluído una obra de teatro muy famosa y una recreación del documental original, en 2010, con Jessica Lange y Drew Barrymore.

Pero lo más interesante de la tendencia Grey Gardens fue el efecto que Edie produjo sobre los diseñadores más famosos del mundo;  "turbantes, manteles amarrados con alfileres, faldas llevadas de manera inversa, chalecos de atrás para delante y trajes de baño combinados con tacos altos, son algunos de los “vanguardistas outfits” llevados por Edith".  Calvin Klein declaró que en algún momento estuvo influenciado por el extraño sentido de lo fashion que tenía Edie y Harpers Bazaar publicó un especial de moda en 1997 completamente inspirado en ella.  Durante la primera década del Milenio, John Galliano y Prada hicieron lo propio.

Grey Gardens y Galliano
En el obituario de Edie, en 2002, The Guardian afirmó que "Little Edie mantuvo un fuerte sentido de la moda, tan singular como su mundo".  También relata que después de la muerte de su madre, abandonó Grey Gardens, se mudó a Manhattan, actuó en cabarets, cantando y contando historias de su extraña vida  y acabó sus días en un apartamento en Bal Harbour, Florida,  "al parecer - indicó el diario - no había tenido un gato en cinco años."  Lo que no cuenta el obituario es que pasaron cinco días antes de que el cuerpo de Edie fuese descubierto en su apartamento; un final algo meláncolico, sórdido y, lo repito, poético, que no contrasta en nada con una vida tan particular:  quizá era el elemento que le falta a esa novela sin terminar, el hecho improbable, casi irreal que evitó, hasta el final, que la historia hubiese caído en lo vulgar.